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Cápsula de cultivo · GrowBox
Mide su propio clima, lo corrige sola y te lo cuenta desde el móvil. Porque cultivar hongos no falla por descuido: falla por unas horas de descuadre a las tres de la mañana.
El problema
Un hongo no crece en unas condiciones: crece en tres. Primero el micelio coloniza el sustrato a oscuras y en calor. Después necesita frío y un golpe de luz para que aparezcan los primordios. Y al final, aire fresco constante para que las setas engorden en vez de estirarse buscando oxígeno.
Cada fase dura días o semanas, y equivocarse en una no da una cosecha peor: da ninguna. Por eso cultivar hongos en casa depende hoy de experiencia acumulada — justo lo que un principiante no tiene.

Cómo funciona
Se elige la especie y la cápsula sabe qué hacer en cada momento. Estas son las tres fases de la orellana.
El micelio se extiende por el sustrato. A oscuras, en calor, sin prisa.
Baja la temperatura y llega la luz. Es la señal de que hay que fructificar.
Las setas crecen. Aire fresco constante o se estiran buscando oxígeno.
Datos reales
Una cápsula lleva midiendo desde ayer, cada diez segundos, sin que nadie la toque. Estas cifras salieron de su base de datos mientras se escribía esta página.
Última lectura
18,0 °C
Humedad
75,6 %
Lecturas
870
Sin interrupción
9,6 h
El rango de esas 870 lecturas fue de 17,5 a 21,7 °C. La cápsula publica lo que mide, un servidor lo guarda y la aplicación lo dibuja — sin que haya un ordenador encendido en medio.
En qué punto está
A dónde va
La electrónica ya está resuelta y probada. Lo que viene es meterla en algo que quepa en una cocina, un aula o una bodega pequeña — y comprobar que aguanta cosechas enteras, no una tarde de demostración.
Un cultivo dura semanas, y es ahí donde aparece lo que ninguna prueba corta enseña: la deriva de un sensor, el condensado, el corte de luz, la red que se cae de madrugada.

Cultivar hongos es un problema de constancia. Y la constancia se automatiza.
El panel de control
La cápsula no necesita a nadie para funcionar: mide, decide y corrige sola. El panel existe para lo otro — para ver qué está haciendo y por qué, y para cambiarle la orden cuando hace falta.
Se abre en cualquier navegador de la casa. No hay que instalar nada, no hay que crear una cuenta y no pasa por internet: el navegador habla directamente con la cápsula a través del pequeño servidor que hay en el mismo domicilio.

growbox-73e10c. Arriba lo que está pasando ahora; en medio cómo se ha llegado hasta aquí; abajo los mandos.Lo que está pasando
Cuatro números y un color. La temperatura y la humedad que hay ahora, el perfil de cultivo que la cápsula está siguiendo y la fase en la que va.
El color no es decoración: dice si el valor está dentro de lo que ese hongo pide en esa fase. Verde es «esto va bien». Es la diferencia entre leer un dato y entenderlo.

oyster, fase de colonización.Lo que ha pasado
Un número suelto no dice nada. Que ahora haya 73 % de humedad puede ser normal o puede ser el final de una caída de seis horas — y son dos situaciones muy distintas.
Las gráficas guardan la forma de lo ocurrido. Es lo que convierte el cultivo en algo que se puede estudiar y no solo vigilar: por qué salió bien esa cosecha, qué se hizo distinto en la anterior.

Lo que se puede cambiar
Encender la luz o apagarla, elegir un tono, subir el brillo, arrancar el humidificador, cambiar de perfil de cultivo. Los mandos son deliberadamente pocos.
Casi todo lo que importa lo decide la cápsula sola a partir del perfil. Estos botones son para las excepciones: mirar dentro sin abrir, forzar una humidificación, probar algo.

Cómo encaja
Nada del sistema es mágico, y esta es la parte que más se pregunta. Entre el clic y la luz encendida hay cuatro pasos, y ninguno tarda más de un parpadeo.
Al pulsar, el panel deja un mensaje en el servidor de mensajería de la casa. No llama a la cápsula: deja el recado.
Ese servidor —Mosquitto, en la Raspberry Pi— entrega el recado a quien esté escuchando. Puede haber una cápsula o veinte.
La placa lo recibe y actúa: enciende la luz, arranca el humidificador, carga otro perfil.
Publica su nuevo estado. El panel lo recoge y se actualiza solo. Nadie recarga la página.

Dos caminos
Hay dos formas de ver la misma cápsula, y existen las dos a propósito porque responden a preguntas distintas.
El recorrido completo del dato es este: la cápsula publica, el servidor de la casa reparte, un pequeño programa recoge esos mensajes y los guarda en la base de datos, y la app los pide desde donde esté.
El panel se salta la nube entera. Por eso sigue vivo cuando internet no lo está. La app hace lo contrario, y tiene pestaña propia aquí al lado.
Los botones ordenan, pero no comprueban. El panel muestra la orden que la cápsula dice haber recibido, no una medida de que la luz esté realmente encendida. Los actuadores —bomba, humidificador, célula Peltier— aún no se han conectado al montaje físico: hasta que se conecten, esa distinción importa y se dice.
La app móvil
El panel de control vive en casa. La app existe para la otra mitad del problema: estar lejos y querer saber. Se instala en el móvil, lee de la nube y funciona desde donde haya cobertura.
Y hace una sola cosa: mirar. No enciende luces, no arranca la bomba, no cambia perfiles. Eso es una decisión, no una carencia — mandar sobre un aparato desde fuera de la casa exige un camino de seguridad que todavía no está construido, y la cápsula ya decide sola casi todo.
La lista
La primera pantalla es la flota entera. Cada tarjeta lleva el nombre, la temperatura, la humedad y cuánto hace que se supo algo de esa cápsula.
El orden no es alfabético: arriba va lo que más atención pide. Sin señal primero, luego las que tienen alarma, luego las que se están desviando, y al final las que van bien. Quien abre la app a las tres de la mañana no debería tener que buscar.
En esta captura todas dicen «sin señal», y era cierto: el día de la toma, la Raspberry Pi de casa llevaba días apagada. La app estaba diciendo la verdad sobre una avería real, que es exactamente para lo que sirve. Con la Pi encendida de nuevo, las cápsulas físicas vuelven a reportar en segundos.

La regla
Cuatro estados, y cada uno se calcula con una regla escrita, no a ojo:
Sin señal
nadie sabe nada
La cápsula se despidió, o lleva más de tres minutos callada.
Alarma
algo está mal
Hay al menos una alarma abierta sin resolver.
Aviso
se está desviando
Más de 2 °C de diferencia con la consigna de su fase.
En orden
todo bien
Ninguna de las anteriores.
Una sutileza que costó pensar. El silencio se mide sobre cuándo se supo algo de la cápsula, no sobre cuándo tomó su última medida buena. Una cápsula con el sensor roto sigue hablando —está viva y está gritando— pero su última lectura válida se queda congelada. Medir sobre la lectura la daría por muerta justo cuando más falta hace escucharla.
Una cápsula
Al tocar una tarjeta se abre la cápsula por dentro. Y lo importante no es el número grande, sino lo que va justo debajo: la consigna.
«21,9 °C» no dice nada por sí solo. «21,9 °C, consigna 24 °C» dice que va fría y cuánto. Es la diferencia entre un dato y una decisión.
Debajo, el historial en tres ventanas —24 horas, 7 días, 30 días— con el mínimo y el máximo de cada tramo. La forma de la curva es lo que enseña; el instante, no.

growbox-73e10c el 22 de agosto, cuando todavía publicaba. Alarma abierta y el historial de las últimas 24 horas.Qué está haciendo
Más abajo en la misma pantalla está lo que la cápsula está haciendo ahora mismo: qué perfil sigue, en qué fase va y qué día de esa fase —porque un cultivo se mide en días, no en horas—, y el estado de cada actuador.
Aparecen en gris, sin botones. Es la misma decisión de antes, hecha visible: aquí se lee, no se manda.

Orellana 2: perfil Oyster, fructificación, día 9. El Peltier al 80 % enfriando y la luz en modo alarma.Las otras dos pantallas
La app tiene otras dos pestañas, y las dos existen por una razón concreta.


growbox-73e10c, que es su número de serie. Aquí se le pone un nombre que una persona reconozca — «Orellana 2», «Shiitake» — sin tocar la identidad que usa el sistema.Los avisos no los decide la app. Cuando una cápsula se sale de rango, quien lo detecta y manda la notificación al móvil es el servidor, no el teléfono. Es deliberado: así el aviso llega con la app cerrada, con el móvil en el bolsillo, o incluso desinstalada.
Cinco de las siete cápsulas no existen. Son filas de demostración sembradas en la base de datos a propósito, cada una colocada en un estado distinto para poder comprobar que la regla de más arriba funciona en los cuatro casos. Las cápsulas físicas son dos: growbox-73e10c y growbox-a33954.
Home Assistant
Home Assistant es el programa libre más extendido para gobernar una casa: luces, persianas, termostatos, enchufes. Corre en la misma Raspberry Pi que ya tenía la cápsula al lado.
Que la cápsula aparezca ahí no es un adorno. Significa que deja de ser un aparato aislado y pasa a ser un dispositivo más de la casa, con todo lo que eso arrastra: automatizaciones, historial, avisos al móvil, voz.

growbox-73e10c y growbox-a33954: fabricante GrowBox, modelo ESP32 38-pin.Cómo llegaron ahí
No se dio de alta ninguna cápsula, no se escribió ninguna dirección, no se rellenó ningún formulario. Al encenderse, cada cápsula había estado anunciándose sola durante horas: publicando quién es, qué mide y qué acepta que le manden.
Durante ese tiempo no había nadie escuchando. En cuanto Home Assistant apareció, leyó esos anuncios y construyó dos dispositivos completos en el acto.
Dos, no uno con el doble de cosas. Cada cápsula deriva su nombre del número de serie único de su propio chip, así que dos cápsulas nunca se confunden. Era exactamente lo que había que demostrar antes de pensar en vender más de una.
Doce entidades
Cada cápsula se presenta con doce piezas: lo que mide, lo que informa de sí misma y lo que acepta que le manden. Home Assistant las trata igual que trataría a un termostato de marca.
El registro de la derecha es real: son los cambios de luz que se hicieron desde esta misma pantalla, con su hora.

growbox-73e10c: información, mandos y actividad reciente.Lo que mide
Lo que informa de sí
Lo que acepta
Qué desbloquea
Todo lo que sigue son cosas que Home Assistant ya sabe hacer con cualquier dispositivo, y que la cápsula hereda gratis por el hecho de estar ahí dentro:
«La humedad lleva dos horas por debajo de lo que pide la fructificación.» Sin abrir ninguna app del proyecto.
Encender la luz al amanecer, apagarla ocho horas después, avisar si la cápsula deja de responder.
Home Assistant archiva por su cuenta cada valor. Un tercer sitio donde el histórico queda a salvo.
Dos entidades aparecen como «desconocido»: el movimiento, porque el sensor de presencia todavía no da señal y está en investigación, y conectada, que aún no se publica en el formato que Home Assistant espera.
Y una tercera enseñó algo más útil: el esfuerzo de refrigeración salía como 204 %. No era un fallo de Home Assistant. La cápsula publica ese valor en la escala interna de la electrónica —donde 204 es el 80 %— y cada programa que lo lee debe convertirlo. El panel de control se lo había saltado la semana pasada; Home Assistant se lo saltó igual. Añadir un tercer lector destapó un error que llevaba tiempo a la vista de todos. Ya está corregido en los dos.